Hoy era uno de esos dias de los que no esperas nada especial viendo lo visto ayer pero la realidad supera la ficción y si ayer me quede maravillado con lo que vi, hoy, desearía quedarme en aquellos lugares para siempre.
Como es habitual en mí, me levanto temprano y, después de cargar la moto, la recepcionista y dueña del hotel, española ella, me invita a un cafe y hablamos de la situación tan critica que vive el mundo con el dichoso virus.
Salgo como siempre sobre las 09:00 de la mañana y encaro dirección Argeles-Gazost, localidad francesa demasiado concurrida esos días. Desde ahi empiezo a subir, primero llego a Arrens-Marsous con unas vistas espectaculares para luego llegar al Col du Soulor, donde se puede ver el gran valle que lo rodea, con miles de vacas y caballos sueltos por el campo y la carretera, impresionante para alguien como yo. Continuo unos 100 metros más cuando, de repente, me tengo que para obligatoriamente, delate de mí, un impresionante valle con una caída de unos 200 metros que quitan el hipo y la carretera bordeando dicho valle. No salgo de mi asombro, es algo inimaginable. Esa carretera discurre por el borde de una montaña con vacas pastando, caballos sueltos, etc, tu estas en su habitat, eres el que sobra, y se nota. Conduciendo con la boca abierta de ver tanta maravilla junta, llego a un puerto lleno de caballos sueltos, los cuales se acercan a ti para ver que haces tu allí, en su casa, jeje, hemos llegado al Col d´Aubisque. Después de recrearme con mis nuevos amigos los caballos, jejeeje, continuo bajando el puerto, el cual resulta maravilloso pero ya mas poblado. Al llegar abajo llego a un valle entre montañas típico de las películas para encarar la subida al Col du Marie-Blanque. La subida no resulta nada espectacular pero al llegar arriba me vuelvo a reencontrar con caballos sueltos y ganado en general aunque esta vez, rodeados de autocaravanas que quitan un poco el encanto. No me dejan seguir ya que están re-asfaltando para el paso del Tour asi que, media vuelta y sigo por donde vine. Esto me trastoca un poco los planes pero que mas da, voy conociendo lugares nuevos. Paso por bellas localidades francesas hasta que encaro la subida al puerto de Larrau, subida durisima y con un viento para salir volando. Al bajar el puerto, me sorprende una bonita carretera y un magnifico paisaje entre bosques del Pirineo navarro para llegar al bello pueblo de Ochagavia, con su rio seco por los calores del verano pero aun así, con encanto pirenaico. Termino el dia en la localidad de Sos del Rey Catolico, preciosa ciudad medieval con sus callejuelas sus vistas de los campos aragoneses. Día muy intenso, costara asimilar tanta belleza en mismo día.
Al día siguiente, salgo temprano rumbo al castillo de Loarre. Magnifica fortificación con unas increíbles vistas.
Pongo rumbo a casa con el inmenso calor del verano, las experiencias vividas, los lugares visitados y los olores que nunca olvidare. Lugar maravilloso del cual nunca me cansare de hablar y recordar en espera de poder repetir esta experiencia en compañía de los míos.
Viaje inolvidable